Dejar pasar los minutos, mientras sigues escribiendo. Ver la pantalla y no leer realmente las letras, las palabras que se van formando.
Esperar un par de días para volver a leer lo que escribiste y maravillarte por lo que eres capaz de hacer en ese "trance", o reírte de las tonterías que puedes teclear.
Escribir sin preocuparte por el número de palabras, por la extensión que abarques, por la temática que desarrolles. Aporrear el teclado como si tuvieras cinco, seis, siete manos y no sólo dos.
Escribir, por el puro placer de hacerlo.
xo, Jinx