viernes, 2 de diciembre de 2011

Sin pies, ni cabeza.

Escribir por escribir. Dejar que tus dedos recorran el teclado de memoria y sólo dejar fluir las palabras. Sin preocuparte por corregir estilo o ver si el texto tiene sentido.

Dejar pasar los minutos, mientras sigues escribiendo. Ver la pantalla y no leer realmente las letras, las palabras que se van formando.

Esperar un par de días para volver a leer lo que escribiste y maravillarte por lo que eres capaz de hacer en ese "trance", o reírte de las tonterías que puedes teclear.

Escribir sin preocuparte por el número de palabras, por la extensión que abarques, por la temática que desarrolles. Aporrear el teclado como si tuvieras cinco, seis, siete manos y no sólo dos.

Escribir, por el puro placer de hacerlo.

xo, Jinx

viernes, 9 de septiembre de 2011

Carrusel

Mi vida últimamente ha sido monótona. Una monotonía absoluta, una tranquilidad y costumbre extremas, que rayan en lo desquiciante. Hace mucho tiempo que no hay nada nuevo.

Los mismos rostros, las mismas palabras expresadas de diferente manera. El mismo par de tennis y el mismo par de anteojos, rayados por el uso. El mismo camino de regreso a casa, e incluso las mismas canciones que me acompañan a lo largo del día, de las mismas 24 horas de siempre.

Como en un carrusel.

Un carrusel en el que llevas montado varios minutos, y comienzas a marearte. Sabes en qué momento es que el caballo circense de metal oxidado va a bajar, en qué momento va a subir. Sabes en qué tramo del circuito es donde está esa persona curiosa, observando los detalles de la atracción de feria con cierta fascinación. En dónde está ese padre primerizo que saluda a su pequeña de cabellos rizados (que por cierto está sentada detrás de tí), cada vez que el juego da una vuelta. Es imposible que el juego salga de su eje. Seguirá dando vueltas y vueltas hasta que el encargado decida que es suficiente y detenga los engranes.

En poco tiempo conoces el mecanismo de memoria y te aburres, pensando si es buena idea levantarte del caballo oxidado y buscar otro carro en qué montarte, quizá un elefante, o ese columpio que se balancea perezosamente. Esperas que algo cambie. Lo necesitas.

¿Significa que me quejo de la vida que llevo? No. O quizá sí pero prefiero negarlo, por miedo a parecer ingrata.

Lo único que quiero es un poco más de emoción. Una pequeña sorpresa por aquí, una noticia por allá. Algo que verdaderamente despierte mi interés y me mantenga alerta. Una emoción nueva, por pequeña que sea.

Que el carrusel se salga de su eje,
sólo por un momento.
Jinx.